Morelia, Michoacán, México, 16 de febrero de 2010, Morelia es una ciudad que se precia de su historia, sus héroes, del legendario Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo, de sus edificios y museos, de las expresiones artísticas que nos lleva a tener festivales para casi todo: Música, cine, danza, teatro, poesía, títeres, pintura. ¡Uff. De todo! Pero… qué hacemos con la basura. Sencillo: Si estamos en casa, revolvemos todo, papel, pilas, plásticos, orgánicos, sanitarios. Todo se va a la misma bolsa de plástico de una tienda de autoservicio y se la dejamos a los señores recolectores de basura. De allí al relleno. A contaminar con humos la atmósfera y con metales pesados los mantos freáticos.
¿Y si estamos afuera? Fácil también. Nuestra basura se va a la calle, drene, alcantarillas, solares baldíos, azoteas, a la panza de las vacas que deambulan, a los terrenos de cultivo de la periferia, embalses, drenes, arroyos Mientras la caca de nuestras macotas, perros y gatos que sacamos a “pasear”, bombardea las calles de nuestra “culta” metrópoli. ¡Es patético!
Los morelianos, todos, los del norte y los de sur, los ricachones y jodidos, todos somos indiferentes al problema de la basura. — Bueno, casi todos indiferentes. Creemos que con embolsar nuestros despojos personales y los desechos domésticos basta para resolver el problema. ¡Mentira! Los cerdos que van a parar a las cacerolas para hacerlos carnitas, se sonrojarían de la forma en que vivimos, que es decir, en medio de la inmundicia.
En Morelia existen aproximadamente 93 rutas de servicio de recolección concesionado y del propio ayuntamiento que dan servicio a más de 400 colonias. Y aún así en la capital se han identificado 150 (y seguramente más) tiraderos clandestino, algunos de los cuales se ubican en las tenencias morelianas donde, ciertamente, el servicio de recolección no es tan eficiente. Y el problema es peor si se considera todo el estado donde se estima que existen ¡10 mil tiraderos clandestinos! Si, leyó bien: Diez mil tiraderos de basura en Michoacán, de acuerdo a datos de la Secretaría de Urbanismo y Medio Ambiente.
El problema de la generación de basura y su confinamiento es grave. En Morelia se producen entre 800 y 850 toneladas diarias de basura y en todo Michoacán de 3,500 a 3,700 toneladas de desechos. Algunos estudios apuntan a que 90 por ciento de estos materiales son reciclables, reutilizables como materia prima para otros productos, pero sólo se recupera entre 5 y 10 por ciento de ellos. ¿El resto? Adivinó: Se va a las calles, ríos, arroyos, drenes, presas, lagos, playas, etcétera. Y una parte a los basureros (que no rellenos) legales y clandestinos.
Sólo por citar un caso de nuestro drama: A principio de febrero de este año el ayuntamiento de Morelia dispuso una brigada de 170 personas y 50 vehículos de la Dirección de Aseo Público y Parques y Jardines para, literalmente, barrer la ciudad y retirar la basura en las calles. En apenas un día más de 500 toneladas de basura fueron sacadas de drenes, ríos y alcantarillas de la ciudad, por cierto, basura que había provocado encharcamientos y la severa inundación que se presentó en Morelia por la lluvia que entonces sorprendió a todos.
Los trabajadores de limpieza encontraron de todo: Lirio acuático (una planta exótica del Amazonas que ya colonizó el río Grande de Morelia y los drenes y arroyos que desembocan en todo su curso y hasta el lago de Cuitzeo donde depositamos toda la caca de los morelianos), botellas de plástico PET, unicel, balones de plástico, cientos de miles de bolsas de polietileno y metalizadas, madera, botellas de vidrio, metal y ropa. Cualquier material inimaginable acabó en los drenes Carlos Salazar, Arroyo de Tierras y Barajas, márgenes de los río Chiquito y Grande, y las alcantarillas del boulevard García de León (por cierto, el antiguo y natural cauce del río Chiquito).
¿Cuánto dinero se invirtió en estas tareas? Mucho dinero. Miles de pesos que podrían haber tenido un mejor uso si en lugar de ensuciar la ciudad si depositamos la basura en los lugares adecuados y si la separamos en nuestras.
Seamos claros: En Morelia nos gusta presumir de nuestra gran cultura y del arte que impregna a la ciudad. Pero en el fondo, y, bueno, no tan en el fondo, a muchos morelianos y muchos que no nacimos aquí, nos vale un carajo esto porque en realidad no nos importa vivir en un chiquero. Esa es la penosa, triste y evidente realidad. Con perdón de los puercos.